Hispania visigoda

1.  El reino visigodo de Tolosa (416-554)

En el 395 d. C. el emperador Teodosio dividió a su muerte el Imperio romano entre sus dos hijos: Occidente para Honorio y Oriente para Arcadio. Mientras que el área oriental logró reorganizarse y sobrevivir durante mil años más, la zona occidental no pudo resistir las invasiones de los pueblos germánicos.

En el siglo V finaliza el dominio romano en la península y comienza la etapa visigoda de la Península que dura poco más de dos siglos hasta la llegada de los musulmanes en el 711. Supuso la transición de la Antigüedad hacia la Edad Media y, sobre todo, supuso la creación de una unidad política nacional: la España visigoda.

En el 409 Hispania sufre las invasiones de tres pueblos germánicos: suevos, vándalos y alanos que, después de saquear el país, se establecen en él. El gobierno central romano, incapaz de frenar estas invasiones, utiliza los servicios de un pueblo germánico aliado, los visigodos, para liberar Hispania de las invasiones. Los visigodos entran en Hispania en el 416 y expulsan a vándalos y alanos, sólo la Gallaecia (Galicia) quedó en manos de los suevos. Cumplida su misión se retiraron de la península para establecerse en el sur de la Galia (Francia), con su capital en Tolosa (Toulouse), desde donde vigilan y protegen las tierras hispanas.  Años más tarde, los francos, pueblo germánico en proceso de expansión por las Galias, derrotan a los visigodos en Vouillé (507), y los obligan a desplazarse hacia el sur, de manera que se trasladaron definitivamente a Hispania. Después de una etapa de avance territorial hacia el interior de la península y tras una  guerra civil, Atanagildo consigue establecer la capital del reino en Toledo (554), aunque el nuevo estado todavía no está unificado.

2. El reino visigodo de Toledo (554-711)

El reino visigodo duró menos de dos siglos y,  con la excepción de un breve período de tiempo, nunca logró dominar toda la Península. Los gobiernos visigodos fueron muy inestables por causa de que se organizaban en forma de monarquía electiva y no hereditaria, lo que derivaba en constantes luchas de poder. En resumen, las dificultades con las que se encontraron los visigodos para dominar Hispania fueron:

a) La monarquía visigoda, que, como hemos dicho, era electiva (un grupo reducido de nobles elegía a su rey), y se demostró como una forma de gobierno muy débil.  Al principio los reyes visigodos eran elegidos por una asamblea en la que estaban representados los jefes de las principales familias aristocráticas. La sucesión al trono producía sangrientas luchas entre los nobles, que, en ocasiones, solicitaban la ayuda de otros pueblos.

b) Era muy difícil el entendimiento entre los visigodos (unos 200.000) y la población hispanorromana (entre tres o cuatro millones de habitantes). Los visigodos tenían el poder militar y la mayoría de las tierras. Las leyes, diferentes para visigodos ( el código de Eurico) e hispanorromanos (el código de Alarico II), daban mayores privilegios a los primeros. Además, la población hispanorromana era católica, mientras los visigodos eran arrianos.

Ante esta situación los visigodos, minoría dominante, optó por un modelo de colonización opuesto al de los romanos:

  • En lugar de imponer su lengua, su religión, leyes y costumbres, adoptaron las de la población nativa.
  • En el año 589 bajo el reinado de Recaredo se convirtieron al catolicismo.
  • La lengua de comunicación fue el latín clasico para textos oficiales y el latín vulgar para la comunicación con el pueblo.

En definitiva, se asimilaron a lo que había y solo dejaron su influencia en algunos aspectos como el importante número de palabras, normalmente del campo lexico de la guerra, que son de origen germánico.

En los últimos años del siglo VII y primeros del siglo VIII fueron constantes las guerras civiles. La monarquía visigoda seguía siendo débil debido a las luchas por el poder. Las potencias extranjeras (bizantinos, suevos y francos) participaban en estas luchas para apoyar a los rebeldes. La monarquía no podía dominar a los nobles, que se rebelaban continuamente. Cuando murió el rey Witiza (710), los nobles formaron dos bandos, uno a favor de los hijos de Witiza y otro seguidor del noble don Rodrigo, duque de la Bética. Cuando don Rodrigo fue finalmente elegido rey, los partidarios de Witiza pidieron la ayuda de los musulmanes del norte de África para derrotar a Don Rodrigo y recuperar el  poder. Con la ayuda musulmana vencieron a las tropas del rey Don Rodrigo en la batalla de Guadalete en el 711.

El problema fue que los musulmanes tenían otro plan: no se contentarían con  la compensación por la ayuda prestada sino que viendo la debilidad de los visigodos decidieron hacerse con el poder en todo el territorio, algo que lograron con relativa facilidad. Comienza de este modo una nueva etapa en la historia de España. La península pasó a llamarse Al-Andalus y la ocupación musulmana se prolongó durante casi ochocientos años

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