El reinado de Isabel II

Con el reinado de Isabel II (1833 – 1868) se inicia en España una nueva etapa de monarquía parlamentaria que sustituye definitivamente al antiguo régimen absolutista de su padre. Esto propicia, entre otros cambios, que puedan regresar los políticos e intelectuales liberales exiliados.
Isabel II es la única hija de Fernando VII y tiene tan sólo tres años de edad cuando muere su padre. Ante la minoría de edad de la pequeña heredera, tiene que ser su madre, Mª Cristina de Borbón, la que gobierne como regente.

El reinado se inicia con un importante problema sucesorio. Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII, reclama su derecho al trono pues argumenta que la hija de Fernando VII no puede reinar por ser mujer. Aunque no parezca más que un argumento machista y retrogrado (que también), la postura de Carlos María tiene cierta base legal. Veamos, con anterioridad Felipe V había aprobado la ley Sálica por la que se impedía a las mujeres acceder al trono. Fernando VII, poco antes de nacer su primer hijo y en previsión de que fuera niña, deroga la ley. Por tanto lo que argumenta Carlos M. Isidro -y sus muchos seguidores, especialmente en las regiones forales- es que la nueva ley de Fernando VII no es legal.

Este problema sucesorio se conoce como el Carlismo y va a causar tres guerras durante el resto del siglo XIX: 1ª (y más importante) 1833-1837 | 2ª 1846-1849 | 3ª 1872-1876. El Carlismo fue derrotado en todos los enfrentamientos y no logró tener realmente importancia fuera de su influencia en el campesinado. Las guerras Carlistas provocaron una gran división social y un trágico balance de muertos con más de 300.000 fallecidos. Finalizó el conflicto sin conseguir ninguno de los objetivos políticos por los que se inició, sólo se logró complicar aún más la ya difícil situación de España.

Con el “Carlismo” aparece también la primera división importante de la clase política y la sociedad española. La sociedad se divide entre los absolutistas, defensores del antiguo régimen y los que quieren cambiarlo por el liberalismo:

  • Los absolutistas apoyan a Carlos Mª . El grupo lo forman gran parte de la alta aristocracia y el alto clero que no quieren que el nuevo régimen liberal les quite sus privilegios históricos y también el campesinado que es siempre se ha mostrado defensor de las tradiciones. Su lema es Dios, Rey y Fueros
  • Los liberales, en apoyo de Isabel II, van a estar mayoritariamente la burguesía, parte de la nobleza y las clases populares urbanas – dentro del grupo liberal también hay, como veremos, una división entre conservadores-tradicionalistas y liberales-progresistas.

La división además de social es también territorial, pues del lado del Carlismo se ponen los territorios con antiguos fueros que ven en la vuelta al absolutismo la posibilidad de recuperar sus derechos. Nos referimos al País Vasco, Cataluña, Navarra y partes de Aragón.

1. La regencia de María Cristina (1833-1840)

Etapa muy convulsa, con constantes cambios de gobierno y con el problema del Carlismo siempre presente. El gobierno está formado por la reina y dos partidos políticos mayoritarios:

a) Partido Moderado: Son más conservadores, defienden el gobierno compartido entre la corona y el parlamento. Entre sus principios: libertades individuales restringidas y sufragio censitario muy restringido (solo pueden votar los hombres que tienen cierta cantidad de dinero). La base social de este partido son burgueses enriquecidos por las desamortizaciones, aristócratas y militares

b) Partido Progresista: Defendían que el gobierno de la nación tiene que estar sólo en el parlamento. Defienden la defensa de las libertades y sufragio censitario pero menos restringido. La base social de este partido son hombres de negocios, militares, funcionarios, profesionales liberales (abogados, economistas, etc.), pequeños comerciantes y artesanos

2. Los hechos más importantes durante la regencia

  • Las elecciones políticas muy restringidas al reducido grupo social que podía votar. No son además ni libres ni democráticas, sino que estaban manipuladas y normalmente es la reina la responsable de nombrar un nuevo gobierno presidido por uno de los dos partidos mayoritarios.
  • La Desamortización de Mendizábal. En 1835 el primer ministro Mendizábal, del Partido Progresista, trató de solucionar dos problemas con una medida importante: por un lado reducir el déficit del estado (en ruina después de la guerra Carlista) y además solucionar el problema agrario con un mejor aprovechamiento de las tierras de cultivo. Para ello aprobó una importante desamortización de algunos bienes de la iglesia, sobre todo tierras que fueron declaradas bienes nacionales y fueron puestas a la venta pública para favorecer que los campesinos pudieran comprar tierras e hicieran más productivos los cultivos. Pero la corrupción hizo fracasar este intento de reforma agraria. Las propiedades de la Iglesia fueron compradas por los nobles y los burgueses ricos. Los campesinos no pudieron acceder a la propiedad y, por lo tanto, las tierras sólo cambiaron de dueño, aunque al menos se logró mejorar la productividad de las mismas.
  • En 1840 las continuas crisis de gobierno obligan a dimitir a la reina regente María Cristina. Pero la situación continúa muy inestable, con continuas luchas de poder. Durante 3 años gobierna, de manera polémica, el general vencedor de las guerras carlistas, Espartero. Para entonces la reina regente había cedido su cargo y abandonado los asuntos de estado (… y el país). El nuevo regente, que aplicó una política en exceso autoritaria, no logró solucionar los graves problemas de división política y social. Es derrocado tras un golpe de estado y para intentar normalizar el panorama se adelantó la mayoría de edad de Isabel II de manera que en 1843, y con tan solo 13 años, es nombrada reina de España.

 

3. La Subida al trono de Isabel II 1843-1868.

Durante todo su reinado continúo el país inmerso en crisis institucional, pero no puede decirse lo mismo de la economía que en la década de 1860 conoció un gran impulso con la primera industrialización importante y la llegada de ferrocarril. Luego, en parte por causa de la corrupción, volvería la recesión económica.
En política, los dos partidos mayoritarios se disputan el poder y la reina, como su madre, suele preferir que gobierne el Partido Moderado.

Entre 1843 y 1856 gobierna el Partido Moderado, que frena las reformas progresistas anteriores e impone una nueva constitución en 1845. En ella se establecía gobierno compartido entre la Corona y el parlamento. Además se aprobaron nuevas reformas como un nuevo sistema de impuestos, la creación de la Guardia Civil para velar por la seguridad en zonas rurales y una nueva distribución territorial con la división de España en 48 provincias.

La reacción de los grupos progresistas llegó en 1854 cuando logran hacerse con el poder por medio de la revuelta militar. Un grupo de militares encabezados por el general O’ Donell dieron un golpe para sacar del poder al Partido Moderado con la escusa de frenar la corrupción del sistema. El nuevo gobierno está liderado por militares de tendencia progresista: Espartero  y O’ Donell. Se impone una nueva constitución, se realiza una nueva desamortización aún más ambiciosa que la de Mendizábal: la ley Mádoz de 1855. En definitiva, se intenta retomar el programa progresista de tiempos de la regencia de María Cristina. Pero las diferencias entre Espartero y O’Donell provocan la caída del nuevo gobierno en 1856.

En 1856 nace un nuevo partido nacional: la Unión Liberal liderada por el general O’ Donell para proponer otra solución política de centro (entre los moderados y los progresistas), paro casi nada cambia. El Partido Moderado vuelve al poder y retoma su programa anterior a 1854. Otro ejemplo más de la constante inestabilidad son las diferentes constituciones que se promulgan (aprueban) durante el reinado de Isabel II, ¡hasta 3 diferentes! El nuevo gobierno vuelve a promulgar la constitución de 1845 con ligeras modificaciones.

Como vemos la inestabilidad política es constante provocada por un partido político conservador que casi siempre está en el poder y una oposición progresista que estaba excluida del gobierno y que intenta acceder al mismo con medidas de fuerza. En este sentido, en la etapa final del reinado solo gobierna el Partido Moderado (de 1856 a 1868), que practicó una política restrictiva y conservadora que perjudicaba los intereses de los trabajadores y que iba en contra también del liberalismo defendido por el partido progresista. Para cambiar la situación, el Partido Progresista de la mano del general Juan Prim impulsa en 1866 el Pacto de Ostente (nombre de la ciudad danesa donde se firmó) para derrocar a la reina por medio de una revolución social que en un primer momento fracasó, aunque el camino del cambio estaba iniciado.

Finalmente, el 18 de septiembre de 1868 se produce un golpe militar en Cádiz que destrona a Isabel II y obliga a la reina a salir al exilio en Francia. El golpe fue apoyado por los partidos políticos liberales-progresistas, los militares contrarios al régimen y buena parte del pueblo llano. El líder y principal instigador fue el general Juan Prim, uno de los políticos con más resonancia del momento.

Se inicia así en España un período de seis años, conocido como el Sexenio Revolucionario (1868-1874), en el que se ensayarán diversas alternativas políticas: una nueva monarquía con Amadeo de Saboya y la Primera República.

Resumen: Si algún rasgo caracterizó al reinado de Isabel II es la inestabilidad política. Tanto ella como su madre regente no tuvieron cualidades de gobierno. Pero además Isabel II, especialmente al final de su reinado, fue bastante impopular lo que aceleró su caída como reina. Los últimos años estuvieron marcados por los escándalos dentro del palacio con una reina que se daba al vicio y a las supersticiones (tuvo como consejero más íntimo a una monja milagrera). Recordemos en este sentido como Valle-Inclán, en su novela histórica dedicada a la reina, titula esta etapa como La Corte de los milagros, con evidente intención caricaturesca.

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